VULNERABLES PERO INVENCIBLES

VULNERABLES PERO INVENCIBLES
13/02/2017 Centro de Estudios CID
cid_resiliencia

“No son los más fuertes de la especie los que sobreviven, ni los más inteligentes sino los que son más flexibles y adaptables a los cambios”.

Esta frase de Darwin puede definir perfectamente lo que es la resiliencia.

El punto de partida del concepto de resiliencia fue el descubrimiento de Emmy Werner que comenzó una investigación longitudinal en 1955, donde los resultados obtenidos sentarían las bases de una nueva concepción del ser humano.

Tuvo lugar durante un prolongado estudio de epidemiología social realizado en la isla de Kauai (Hawai), donde siguió durante 32 años el desarrollo de la vida de 500 personas aproximadamente, sometidas a condiciones de vida marcadas por la pobreza extrema, quienes, por lo menos en un tercio de los casos, habrían sufrido situaciones de estrés, disolución del vínculo parental, alcoholismo, abuso, etc. A pesar de las situaciones de riesgo a las que estaban expuestos muchos niños, observó que lograban sobreponerse a las adversidades y construirse como personas la posibilidad de un futuro.

Werner misma señaló un hecho en la vida de estos sujetos que se daba sin excepción: todos habían gozado en su desarrollo del apoyo incondicional de algún adulto significativo, familiar o no, sobre el que no parecía ejercer influencia determinante ningún detalle relativo a las características físicas e intelectuales del niño. El afecto, el amor recibido de forma incondicional, estaba en la base de tales desarrollos exitosos.

Tenemos muchos ejemplos de resiliencia, uno muy claro es el de Hellen Keller que fue la primera persona sordociega en obtener un título universitario y graduó con honores en el Radcliffe College. El apoyo incondicional de su institutriz Ann Sullivan fue fundamental para el lograr sus objetivos.

La resiliencia no es una cualidad innata es algo que todos  podemos desarrollar a lo largo de la vida con voluntad y desarrollo de la inteligencia emocional.

Sin irnos muy lejos aquí, en España, tenemos a Juan Manuel Montilla Macarrón, más conocido por El Langui que es un ejemplo de resiliencia. A pesar de  tener parálisis cerebral, un trastorno causado por la falta de oxígeno durante el parto, ha triunfado como cantante y actor. Consiguió en 2008 el Premio Goya al mejor actor revelación así cómo el Premio Goya a la mejor canción. Está casado y tiene dos hijos. Recibió el apoyo incondicional de sus padres y sus amigos.

Otra historia de resiliencia es la historia de Dick y Rick Hoyt más conocidos como el “Equipo Hoyt” muy conocido en el ámbito de los triatletas. Rick tiene una discapacidad adquirida al momento de nacer por falta de oxígeno a su cerebro ya que su cordón umbilical se enredó alrededor de su cuello lo que le originó una parálisis cerebral. A Rick, el padre de Dick, le dijeron los médicos que su hijo iba a ser un vegetal durante toda su vida,  pero  luchó para que esto no fuera así y  decidió educarle como un niño normal. Cuando tenía once años  sus padre  consiguieron un ordenador como el que tenía el profesor Stephen Hawking  y su hijo empezó a comunicarse con sus padres. Con esta nueva tecnología, Rick le pregunto a su hijo: “¿tú te comprometes a estudiar?” y Dick le contesto: “Sí, si tú me ayudas”. Su padre, teniente coronel del ejército, se puso a estudiar magisterio para ayudarle y se comprometió a llevarle a correr con él ya que era lo que más le gustaba a Dick . La sensación  de correr junto a su padre le hacía sentirse que no era un discapacitado. Hoy en día han hecho varias Ironman,  la prueba más exigente del triatlón (consta de 3,86 km de natación, 180 km de ciclismo y 42,2 km de carrera a pie) juntos. Dick lo lleva en una silla especial acoplada al frente de su bicicleta, lo arrastra en un bote especial cuando ellos nadan y lo empuja en una silla de ruedas adaptada cuando ellos corren. Rick se graduó  en la Universidad de Boston y hoy en día, vive independiente y trabaja en un laboratorio de Massachusetts y es un experto en robótica aplicada para personas con minusvalías severas.

Una vez más, a pesar de la dificultad más extrema, el apoyo incondicional de una persona en nuestra vida de un familiar, un amigo, un profesor, etc., que considere que tenemos  un gran potencial que podemos desarrollar es la palanca para levantarnos de lo más profundo del abismo a lo más alto.

En definitiva, la resiliencia está cimentada en la aceptación fundamental de la persona, conseguir hacer una buena red de relaciones, tener la capacidad de descubrir un sentido y una coherencia en nuestra vida, un riego constante de nuestra autoestima con optimismo, una activación de nuestras aptitudes y competencias y un gran esfuerzo de adaptación a los nuevos retos.

Carlos Sánchez San Lorenzo, Psicólogo y formador.

 

 

 

 

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